Las Reglas de la Casa

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La madrastra le arrebata la mochila a la niña con brusquedad y la mira con furia.

Madrastra: Mientras vivas en mi casa, obedecerás mis reglas.

La niña contiene las lágrimas, levanta la mirada y enfrenta a la mujer con valentía.

Niña: Esta también es la casa de mi padre.

La madrastra sonríe con arrogancia y se acerca a ella, convencida de que tiene el control.

Madrastra: Y yo soy la mujer que él eligió, no tú.

Con lágrimas recorriendo sus mejillas, la niña respira profundamente y pronuncia unas palabras que borran la sonrisa de la mujer.

Niña: Papá todavía no sabe lo que haces cuando él no está.

La madrastra se queda paralizada. Su rostro pierde el color y se lleva una mano al cuello, aterrorizada ante la posibilidad de que sus secretos salgan a la luz.

En ese instante, el padre aparece detrás de ellas. Su mirada severa se clava en su esposa mientras escucha las últimas palabras de su hija.

Padre: ¿De qué está hablando mi hija?

La mujer intenta responder, pero las palabras no salen de su boca. La niña mira a su padre, decidida a contarle toda la verdad.

Niña: Papá, hay algo que tienes que saber… Ella no es la mujer que tú crees.

El padre frunce el ceño y mira a su esposa, esperando una explicación. La madrastra retrocede, consciente de que está a punto de perder el control de la situación.

Padre: Te estoy escuchando. Más te vale decirme la verdad.

La madrastra baja la mirada, mientras la niña reúne el valor para revelar todo lo que ha sufrido en silencio.