Parte 2: Falsa propiedad
La verdad está a punto de salir
El joven de camiseta rota termina de hablarle a la cámara y se gira nuevamente hacia la motocicleta.
El sujeto presuntuoso continúa junto a la Ducati roja, todavía convencido de que tiene el control de la situación.
Los jóvenes que lo acompañan permanecen detrás, observando en silencio.
El sujeto presuntuoso mira al joven y se ríe.
Sujeto presuntuoso: "¿Qué pasó? ¿Todavía sigues aquí?"
El joven humilde responde con tranquilidad.
Joven humilde: "Sí."
Sujeto presuntuoso: "Te dije que te alejaras de mi moto."
Joven humilde: "Ya te escuché."
El sujeto presuntuoso se cruza de brazos.
Sujeto presuntuoso: "Entonces no entiendo qué esperas."
El joven mira hacia la entrada del edificio de vidrio y metal.
Joven humilde: "A la persona que viene a recogerla."
Los acompañantes se miran entre ellos.
El sujeto presuntuoso comienza a reírse.
Sujeto presuntuoso: "¿Recogerla? Claro. Ahora resulta que también conoces al dueño."
El joven no responde.
Solo sonríe.
Una llamada cambia todo
El teléfono del joven humilde vibra.
Él lo saca de su bolsillo y contesta.
Joven humilde: "Sí, estoy afuera."
Escucha durante unos segundos.
Joven humilde: "Perfecto. Te espero."
Cuelga y guarda el teléfono.
El sujeto presuntuoso lo observa con curiosidad.
Sujeto presuntuoso: "¿Quién era?"
Joven humilde: "Alguien que puede aclarar de quién es la motocicleta."
El sujeto presuntuoso deja de sonreír por un instante.
Sujeto presuntuoso: "No hay nada que aclarar. Ya te dije que es mía."
Joven humilde: "Entonces no tienes nada de qué preocuparte."
Los acompañantes comienzan a murmurar entre ellos.
El sujeto presuntuoso los mira para que guarden silencio.
Aparece el encargado
Las puertas del edificio se abren.
Un hombre con ropa formal sale llevando una carpeta y unas llaves.
Camina directamente hacia la Ducati roja.
El sujeto presuntuoso sonríe al verlo.
Sujeto presuntuoso: "¡Aquí está! Justamente necesito hablar contigo."
El hombre se detiene.
Encargado: "¿Conmigo?"
Sujeto presuntuoso: "Sí. Este muchacho está diciendo cosas raras sobre mi motocicleta."
El encargado mira al joven humilde.
Inmediatamente lo reconoce.
Encargado: "Buenas tardes. Estaba esperando que llegaras."
El sujeto presuntuoso deja de sonreír.
Joven humilde: "Buenas tardes."
El encargado levanta las llaves.
Encargado: "Aquí tienes. Ya está todo listo."
El joven extiende la mano y recibe las llaves.
Los acompañantes quedan sorprendidos.
El sujeto presuntuoso mira las llaves y luego mira al encargado.
Sujeto presuntuoso: "Espera."
Encargado: "¿Sí?"
Sujeto presuntuoso: "¿Por qué le estás dando las llaves a él?"
El encargado responde con total naturalidad.
Encargado: "Porque él es el propietario."
El silencio
Nadie dice una palabra.
El joven humilde mira al sujeto presuntuoso.
Esta vez no necesita explicar nada.
El sujeto presuntuoso mira nuevamente la Ducati.
Sujeto presuntuoso: "¿Él?"
Encargado: "Sí."
Sujeto presuntuoso: "Pero él me preguntó cuánto me costó."
El encargado frunce ligeramente el ceño.
Encargado: "Entonces probablemente quería saber qué estabas haciendo junto a su motocicleta."
Los acompañantes se miran entre ellos.
Uno de ellos baja la cabeza, incómodo.
El joven humilde mantiene la calma.
Joven humilde: "Yo solo hice una pregunta."
Joven humilde: "Nunca dije que fuera mía. Nunca dije que fuera tuya. Solo pregunté."
El sujeto presuntuoso recuerda entonces cómo había respondido.
Sujeto presuntuoso: "Yo pensé que estabas tratando de presumir."
Joven humilde: "Y tú pensaste que yo no podía tenerla por la ropa que llevo."
El sujeto presuntuoso guarda silencio.
La falsa propiedad
El encargado mira al sujeto presuntuoso.
Encargado: "¿Tú eres el propietario de la motocicleta?"
El hombre mira alrededor.
Sus acompañantes ya no parecen tan seguros como antes.
Sujeto presuntuoso: "Bueno… yo solamente estaba aquí con ella."
Encargado: "Eso no responde la pregunta."
El hombre se quita lentamente las gafas de sol.
Sujeto presuntuoso: "No es exactamente mía."
Uno de los jóvenes del grupo lo mira sorprendido.
Acompañante: "¿Entonces por qué dijiste que era tuya?"
El sujeto presuntuoso no responde.
El joven humilde lo observa sin burlarse.
Joven humilde: "Eso era lo único que quería saber."
Sujeto presuntuoso: "La estaba cuidando para un amigo."
El encargado asiente.
Encargado: "Entonces debiste decir eso desde el principio."
El hombre baja la mirada.
La disculpa
El grupo permanece en silencio.
El sujeto presuntuoso finalmente se acerca al joven humilde.
Esta vez no lo hace para provocarlo.
Sujeto presuntuoso: "Te debo una disculpa."
El joven lo mira.
Joven humilde: "Te escucho."
Sujeto presuntuoso: "Te juzgué por tu ropa."
El joven permanece tranquilo.
Sujeto presuntuoso: "Pensé que porque tu camiseta estaba vieja no podías tener algo así."
Joven humilde: "Ese fue tu error."
Sujeto presuntuoso: "Lo sé."
El joven mira su camiseta y luego vuelve a mirarlo.
Joven humilde: "Una camiseta gastada no dice cuánto dinero tienes."
Joven humilde: "Y una cadena grande tampoco demuestra cuánto vales."
Los acompañantes escuchan atentamente.
El sujeto presuntuoso asiente lentamente.
Una última lección
El encargado se aparta para que el joven pueda acercarse a la motocicleta.
El joven humilde guarda las llaves y camina hacia la Ducati roja.
El sujeto presuntuoso lo observa.
Sujeto presuntuoso: "¿Puedo preguntarte algo?"
El joven se detiene.
Joven humilde: "Claro."
Sujeto presuntuoso: "¿Por qué no te enojaste cuando te insulté?"
El joven sonríe.
Joven humilde: "Porque yo sabía la verdad."
El hombre permanece en silencio.
Joven humilde: "No necesitaba convencerte."
El joven se coloca junto a la motocicleta.
Joven humilde: "Al final, las cosas hablan por sí solas."
El encargado asiente.
El joven se prepara para marcharse.
Antes de subir, mira al grupo.
Joven humilde: "Y recuerden algo."
Todos lo miran.
Joven humilde: "No juzguen a una persona por lo que lleva puesto."
Hace una breve pausa.
Joven humilde: "Porque pueden estar mirando a alguien que tiene mucho más de lo que imaginan."
El joven enciende la motocicleta.
El sujeto presuntuoso se hace a un lado.
La Ducati roja comienza a avanzar por la calle.
Los acompañantes la siguen con la mirada.
El hombre presuntuoso permanece quieto, completamente avergonzado por haber presumido algo que ni siquiera era suyo.
La cámara se aleja mientras la motocicleta desaparece por la calle.
La verdadera riqueza no siempre se ve en la ropa, en una cadena o en un vehículo.
Y quien necesita humillar a los demás para sentirse superior todavía tiene mucho que aprender.